20 años después de que la oveja Dolly señalará el camino: ¿en dónde se encuentra la clonación ahora?

julio 13, 2016

La clonación ha tenido un impacto mayor en ciencia, pero menor en la vida humana, de lo que muchos esperaban.

Era un día magnífico en las colinas que se alzan sobre Edimburgo, Escocia, cuando los viejos amigos y colegas científicos Ian Wilmut y Alan Trounson partieron hacia una caminata hace dos décadas. A buena altura por encima de la ciudad, Wilmut confesó que tenía un secreto que compartir. Como parte de un estudio más amplio, él y varios colegas habían dado a luz con éxito a un cordero en el laboratorio –no de óvulo y espermatozoide, sino a partir del ADN extraído de la glándula mamaria de una oveja adulta–. Habían clonado un mamífero. “Caray, estaba aturdido”, dice Trounson, que es ahora –como entonces– un biólogo de células madre en la Universidad de Monash en Melbourne, Australia. Recuerda haberse sentado en una piedra cercana. Era un día cálido, pero Trounson sintió un escalofrío al darse cuenta de las implicaciones. “Lo cambiaba todo”.

La clonación de un mamífero desafiaba el dogma científico de su tiempo. El éxito llevó a serias y fantásticas predicciones: los seres humanos serían clonados. Se prevendrán enfermedades. Renacerían niños perdidos. Hoy, dos décadas después del nacimiento de Dolly, el 5 de julio de 1996, el impacto de la clonación en la ciencia básica ha superado las expectativas, mientras que la realidad de lo que técnicamente se denomina transferencia nuclear –la forma de clonación utilizada con Dolly– en gran medida se ha desvanecido de la conciencia pública.

El mayor impacto de la clonación, dicen varios investigadores, han sido los avances que ha desatado en células madre. El biólogo de células madre Shinya Yamanaka dijo por correo electrónico que la clonación de Dolly lo motivó a iniciar el desarrollo de células madre derivadas de células adultas –logro que le valió el Premio Nobel en 2012–. “La oveja Dolly me dijo que la reprogramación nuclear es posible incluso en células de mamíferos y me animó a empezar mi propio proyecto”, escribió Yamanaka, quien divide su tiempo entre la Universidad de California, en San Francisco, y el Centro de Investigación y Aplicación de células iPS (CiRA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Kyoto en Japón, que él dirige. Utilizó células adultas –primero en ratones, aunque la técnica es ahora factible en humanos– para hacer células madre que pueden formar una amplia gama de otras células, esencialmente girando sus relojes celulares de nuevo a la infancia para que pudieran madurar siendo adultos diferentes. Debido a que son creadas artificialmente y pueden tener una variedad de futuros, se les llama células madre pluripotentes inducidas (o células iPS, por sus siglas en inglés). El aumento de estas células iPS ha reducido la necesidad de células madre embrionarias –que durante mucho tiempo han causado preocupaciones éticas a algunas personas– y ahora las células iPS forman la base de la mayor parte de la investigación en células madre actual.

El nacimiento de Dolly fue transformador, ya que demostró que el núcleo de la célula adulta tiene todo el ADN necesario para dar lugar a otro animal, dice el biólogo celular Robin Lovell-Badge, jefe de la División de Biología de Células Madre y Genética del Desarrollo en el Instituto Francis Crick, en Londres. Investigadores anteriores habían conseguido ranas adultas a partir de células embrionarias o células embrionarias de ranas adultas –momento en el que su desarrollo se estancaba–. “Dolly fue el primer ejemplo de tomar una célula adulta y conseguir un adulto”, dice Lovell-Badge. “Eso significaba que se puede reprogramar el núcleo de una célula adulta de nuevo a un estado embrionario”.

Dolly murió el 14 de febrero de 2003, a los seis años, de una infección pulmonar, común entre animales que no tienen acceso al aire libre. Probablemente no tenía nada que ver con que fuera un animal clonado, dice Wilmut, ahora profesor emérito en el Instituto Roslin en la Universidad de Edimburgo, donde realizó su trabajo inicial.

La oveja, creada a partir de células mamarias, fue célebremente nombrada tras Dolly Parton, la cantante estadounidense conocida por su generoso pecho, así como su voz. “No fue pensado como una falta de respeto a la dama en cuestión o a las mujeres en general”, dijo Wilmut recientemente sobre el nombre sugerido por un ganadero. Al contrario, ayudó a humanizar un proyecto de investigación que de otro modo podría haber parecido desconectado de la vida cotidiana. “La ciencia y su presentación a veces pueden parecer terriblemente serias”, dijo. “Creo que fue bueno para nosotros –nos hizo parecer humanos–”.

Wilmut admite que el nacimiento de Dolly fue un accidente afortunado. Él y sus colegas estaban tratando de hacer clones de células fetales y utilizaron las adultas como controles experimentales –sin esperar que en realidad generasen un embrión propio–. “No nos dispusimos a clonar células adultas. Nos dispusimos a trabajar con, idealmente, células madre embrionarias o cosas por el estilo”, dice Wilmut. “Tener éxito con células adultas fue una muy considerable e inesperada ventaja”.

Fuente: Scientific American